26 marzo 2017

Maldivas III. Kayak y buceo.



Sobre las 7 bajamos a desayunar.
Tres integrantes del grupo han quedado a las 9 con Anees, el propietario de una escuela de buceo que hay junto a la bikini beach. Harán con él una inmersión a la mañana y otra a la tarde.
El resto del grupo decidimos emprender una atrevida empresa: dar la vuelta a la isla en kayak.
Ni cortos ni perezosos, les comentamos nuestras intenciones a los chicos de recepción y amablemente nos acercan las canoas hasta la cercana orilla.




Sobra decir que no somos expertos en el tema aunque hemos hecho nuestros pinitos con este tipo de embarcaciones en alguna que otra ocasión.
Una vez acomodados en las canoas nos introducimos en las aparentemente calmadas aguas que bordean la isla para darnos cuenta de que nuestras pretensiones iban a resultar demasiado ambiciosas.
Tan pronto navegábamos fluidamente avanzando metros sin problemas, como nos encontrábamos dando vueltas sobre nosotros mismos sin posibilidad de gobernar las malditas piraguas.
A medida que íbamos avanzando, lo mismo éramos arrastrados aguas adentro como de pronto, éramos arrojados a la orilla.
Una vez más, las fuertes corrientes hacían con nosotros lo que querían. Habían pasado 45 minutos y entre unas cosas y otras apenas habíamos avanzado 100 metros.




Salimos a la playa exhaustos por el esfuerzo realizado para descansar un poco y cambiar de planes; quizás si cambiamos el sentido de nuestro recorrido no haya tantas corrientes.
Durante otros 30 minutos lo intentamos obstinada e inútilmente. Entre risas y carcajadas decidimos dejar las canoas para otra ocasión. Lo cierto es que a pesar de no poder llevar a cabo nuestros planes, hemos pasado un rato divertido; al final decidimos dejarnos llevar por la corriente que nos llevaba de un punto a otro como a juguetes abandonados a su suerte. Cuando no puedes con tu enemigo, una opción es unirte a él.

Tras la cómica experiencia del kayak me vuelvo al hotel para cambiar los remos por las gafas y el tubo. El hotel dispone de varios equipos que los clientes pueden usar gratuitamente pero yo prefiero utilizar el mío.
Al llegar a la playa me encuentro con los buceadores que se disponen a hacer la primera inmersión en las cercanías de nuestra isla.
Anees se afana en darles las últimas instrucciones antes de sumergirse definitivamente así que prosigo mi camino hacia el arrecife para no molestarles.

Hoy parece que las corrientes son aún más fuertes que los días anteriores y estando al borde del arrecife noto que en ocasiones me arrastra hacia adentro. No llevo aletas ni chaleco por lo que decido salir de las aguas profundas y limitarme a explorar aguas someras. No resulta cómodo estar buceando y tener que estar más atento a dónde te encuentras que a lo que estás viendo bajo el agua.
Cuando me disponía a salir del agua veo que dos compañeras se acercan dispuestas a bucear un rato. Les advierto de las fuertes corrientes que no tardan en comprobar y me quedo otro buen rato con ellas manteniéndonos bien juntitos para evitar sustos.
La verdad es que si no fuera por las corrientes, se ven gran número de peces diferentes por el arrecife.







Finalmente salimos a la playa para tumbarnos un rato en las tumbonas bajo las sombrillas y descansar un rato.
Otro compañero que ha estado dando una vuelta por la isla y sacando unas fotos de pescadores y niños, se acerca hasta nosotros dispuesto a meterse al agua.
Le advertimos de las corrientes y no le perdemos de vista mientras disfrutamos bajo las sombrillas de la brisilla que se ha levantado y nos permite soportar el calor sofocante.







Al de un rato aparecen súbitamente los tres buceadores que parecen emerger de la nada. Vienen encantados de la experiencia vivida y nos dicen que se van a comer porque a las 14,30 vuelven a salir para hacer una segunda inmersión.
Decidimos comer todos juntos aunque mientras unos salen de inmediato para meterse al agua de nuevo, otros alargamos la comida con unos cafés que decidimos subir a la terraza que hay en el último piso de nuestro hotel. 

Hay unas cómodas hamacas para tumbarse y desde allí se domina toda la isla. Sin embargo, y a pesar de que corre brisa, el sol pega con una fuerza insoportable. Un pequeño lorito que al principio se nos acerca tímidamente, acaba posándose sobre nosotros descaradamente jugando con nuestro pelo y picoteando nuestra piel. 



Mientras tanto, los buceadores disfrutan a tope de la experiencia bajando hasta los 15 metros de profundidad.




 
Tras la comida el calor llega a hacerse inaguantable si no estás en el agua y como llevamos casi todo el día sumergidos, decidimos tumbarnos un rato en nuestra habitación hasta que refresque un poco.
Sobre las 16,30 vuelven nuestros compañeros de bucear y mientras ellos bajan a la playa para pagar la sesión de buceo, yo me acerco a la parte oeste de la isla para fotografíar y disfrutar del atardecer que se avecina.








Por otra parte también negociamos con Anees una excursión de snorkelling para mañana. Nos dice que la mejor hora para hecerla es de 12 a 16,30 porque nos asegura que por la tarde hay menos corrientes así que decidido: iremos por la tarde.

Con la jornada del día siguiente organizada, nos acercamos de nuevo al bar donde encontramos cerveza sin alcohol y donde nuevamente nos sacan un montón de dulces para picar bajo las atentas miradas de la gente local que no puede disimular su curiosidad. La cuenta para los 7 asciende a 190 rufiyaas ( unos 12€ ) dulces incluidos.
Era hora de volver al hotel para cenar pero lo que no esperábamos era la visita sorpresa de Anees mientras estábamos cenando.  

Visiblemente contrariado nos comenta que no se acordaba de que mañana era VIERNES y ese día deben dedicarlo al rezo por lo que nos propone hacer la excursión de 9 a 13 para que a la tarde pueda ir a la mezquita a rezar y evitar que la gente murmure.
Por supuesto no queremos comprometerle con sus vecinos aque aceptamos.
Acabamos de cenar, charlamos un rato comentando las anécdotas de la jornada y nos vamos a la cama a reponer fuerzas para otro exigente día en aguas maldivas.


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