16 diciembre 2013

Bárdenas Reales.A medio camino entre el lejano oeste y los paisajes extraterrestres.


Al sureste de Navarra, lindando con Aragón y ocupando una extensión de 42.000 hectáreas, se encuentra un espectacular paraje semidesértico que inmediatamente nos hará evocar los inolvidables escenarios donde tenían lugar las míticas películas del legendario oeste americano.
Mientras avanzábamos a través de agrietadas pistas arcillosas, no podíamos evitar otear el horizonte con la esperanza de descubrir en la lejanía al memorable jefe sioux "Caballo Loco" o al general Custer al frente del 7º de caballería. 
Afortunadamente no fuimos testigos de ninguna batalla sangrienta y pudimos dedicar la totalidad de la jornada a admirar calmadamente las curiosas formaciones que la erosión esculpe de forma caprichosa dotando al lugar de un encanto y una belleza indescriptible.




Nos encontramos en Las Bardenas Reales, declaradas como Parque Natural en el año 1999 y Reserva de la Biosfera en el 2000.
Dentro de las Bárdenas se pueden distinguir varias zonas claramente diferenciadas aunque las dos principales son La Bardena Blanca y La Bardena Negra.
La Bardena Blanca, ubicada en el corazón del parque, es la zona más desértica y agreste. Conocida por sus extensas planicies, profundos barrancos y los omnipresentes "cabezos", se convierte en un lugar de visita obligada que no defraudará a nadie.



Como es de esperar, un paisaje tan extremo goza también de un clima igualmente extremo. Las temperaturas estivales superan los 40ºC mientras que en invierno el termómetro frecuentemente se mantiene por debajo de cero.
Apenas recibe 500 mm de precipitaciones anuales y en ocasiones éstas llegan de forma torrencial sin dar tiempo a que el terreno lo absorva, lo que provoca la proliferación de agresivas corrientes de agua con un fuerte poder erosivo.
Aunque cuenta con varias especies de reptiles, anfibios y peces, su principal riqueza faunística reside en la importante población de rapaces y aves esteparias que pueblan el parque. De hecho, es una de las más importantes de Europa en este aspecto.




Mención aparte merece la existencia de un polígono militar de tiro ubicado en el centro del parque, creado en 1951 mediante un contrato de arrendamiento que inexplicablemente se ha prorrogado en repetidas ocasiones haciéndose caso omiso a las protestas sociales y al menos común de los sentidos: el sentido común.
Desde aquí, todo mi apoyo a los distintos colectivos que luchan por su desaparición y que entre otros muchos actos organizan una marcha popular el primer domingo de cada mes de Junio.


Nuestra visita tuvo lugar el pasado 7 de Diciembre y se centró en recorrer los increibles parajes que encierra la llamada Bardena Blanca.
En primer lugar debemos saber que determinadas zonas son de paso restringido durante algunas épocas del año. Con motivo de no molestar a las rapaces durante su ciclo reproductivo, algunos caminos son clausurados. Es conveniente informarse antes de planificar una ruta.
De la misma forma, no es muy recomendable visitar el parque si ha llovido de manera frecuente durante los últimos días. El terreno arcilloso dificultará y deslucirá la visita.


Afortunadamente no era nuestro caso. Las rapaces no están críando y un radiante sol nos regala una jornada senderista inolvidable. 
Tras alojarnos en un coqueto bungalow en el cercano camping Bardenas, junto a la localidad de Villafranca, nos dirigimos hacia Agredas donde tras atravesar el pueblo y una gasolinera a la izquierda, se toma una carretera, también a la izquierda, que te introduce en el parque.
Junto al centro de información encontramos el primer mirador con excelentes vistas al parque. A nuestra espalda, el imponente Moncayo adornado con una gruesa capa de nieve, parecía vigilar nuestros pasos.




Continuamos por la carretera asfaltada hasta tomar una desviación a la izquierda que nos lleva al cabezo de Castildetierra.
El paisaje comienza a ser impactante por lo agreste y hostil del entorno por donde nos movemos.
Tras la visita y las fotos de rigor al cabezo, tomamos una pista a la derecha que nos lleva a un mirador situado en un alto que nos permite una visión general de esta zona.
Desandamos nuestros pasos para volver a retomar la pista que bordea el campo de tiro y que nos llevará hasta el cruce donde dejaremos el coche para adentrarnos a pie hasta zonas cuyos paisajes nos dejarían con la boca abierta.




Existen multitud de rutas a lo largo del parque aunque por lo general, las señalizaciones no son demasiado buenas.
Nosotros elegimos una al azar que nos llevaría hasta el Rayón y al espectacular Paso de los Ciervos
Para ello, bajé una ruta que cargué directamente en mi GPS.
Esta ruta que bajé de la página wikiloc, nos permitió recorrer 15 preciosos kilómetros del parque. Podremos recortar unos cuántos si aparcamos más cerca del Rayón, auténtico protagonista de nuestra ruta junto al Paso de los Ciervos.


Ver Ruta a pie. Ascenso al Rallón y descenso del paso de los ciervos. en un mapa más grande

Desde AQUI puedes bajar la ruta en formato GPX.

En el primer cruce de pistas, dejamos el coche y comenzamos a andar por la pista que se dirige al norte hacia Carcastillo. Unos kilómetros más adelante dejaremos la pista para tomar un sendero a la derecha que nos guiará hasta nuestro destino.
Un estrecho cañón nos deja al pie de el Rayón, un alto de casi 500 metros de suave subida que nos ofrecerá unas vistas privilegiadas.





Es hora de bajar para tomar dirección oeste hacia los paisajes extraterrestres que nos regala esta sublime zona del parque.
Si los paisajes vistos hasta ahora nos recordaban al del viejo oeste, repentinamente nos empezamos a preguntar si no estaríamos en algún remoto y extraño planeta. 
Efectivamente, lo que teníamos ante nosotros era un escenario que se asemejaba a lo que entendemos por un paisaje genuinamente extraterrestre.




La bajada por el Paso de los Ciervos entre unas formaciones que amenzaban con engullirnos y hacernos desaparecer en cualquier momento entre tanta grandeza, fue la guinda final a seis gloriosas y placenteras horas de paseo.




En unas horas habíamos pasado de caminar por las polvorientas tierras del salvaje oeste a vernos sumidos en inhóspitos parajes marcianos......
maravillosas sensaciones!!!

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