16 octubre 2011

De Beitostolen a la isla de Runde. NORUEGA


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Nos levantamos a las 6 de la mañana dispuestos a recorrer los más de 300 km que separan Beitostolen de la isla de Runde y que nuestro GPS los traduce en más de 6 horas de viaje.
Pretendemos tomarnos la jornada con toda la calma del mundo, parándo en todos aquellos lugares que llamen nuestra atención.
La primera parada tuvo lugar a la entrada a Lom, frente a un pequeño lago que albergaba cisnes, somormujos, porrones, garzas, etc. Allí mismo tuvimos la oportunidad de ver un alce que pronto desapareció en la espesura de un bosque cercano para volver a reaparecer junto a una cría recién nacida a la que aún costaba dar sus primeros pasos.




Una visita a la famosa iglesia vikinga de Lom completó nuestro paso por esta turística localidad que alberga una de las iglesias de madera más grande de Noruega construída en el siglo XII y que posteriormente fue objeto de numerosas reconstrucciones. También destacan los hallazgos arqueológicos realizados en sus alrededores en forma de monedas, tumbas, restos de un cementerio más antiguo que el que podemos observar hoy en sus jardines y algún texto escrito en alfabetorúnico.
Estas llamativas iglesias de madera también conocidas como stavkirkes, serán habituales a lo largo de nuestro periplo por Noruega.


Tras esta visita obligada continuamos nuestro camino entre abruptas montañas con sus cimas teñidas de blanco y lagos cristalinos que reflejaban en sus aguas los bellos paisajes que les rodeaban hasta el punto de hacer difícil distinguir la realidad del efecto óptico que producían.
Largos túneles atravesaban los macizos montañosos para sorprendernos con paisajes aún más espectaculares cada vez que salíamos al exterior.



Mientras descendíamos el valle de Stryn, hicimos otra parada para deleitarnos con el paisaje que nos rodeaba y con las salvajes aguas de un río que caía con fuerza en su camino hacia el valle. Unas escaleras permitían bajar unos metros para admirar con más precisión y cercanía, el espectáculo.








Ya en el valle paramos a tomar un café a orillas del lago Stryn, en el centro de información del Parque Nacional de Jostedalsbreen famoso, entre otras muchas bellezas naturales, por el glaciar de Briksdal.



Nos dirigimos ahora hacia el lago de Hornindals para recorrerlo en su totalidad por la orilla sur antes de virar hacia el norte hasta llegar a Folkestad donde deberemos tomar nuestro primer Ferry.
Justo cuando llegamos, partía el ferry hacia Volda por lo que estuvimos tentados de sacar nuestro embutido y hacernos unos bocadillos con el pan que habíamos comprado en Lom pero pronto desistimos ya que otro ferry se acercaba rápidamente a nuestra orilla.


Las operaciones de embarque y desembarque, tanto de personas como vehículos, se realizan en tiempo récord y sin apenas darnos cuenta, nos encontramos en el interior del barco que nos acercará a Volda. Pagamos 148 coronas por los cuatro más el coche y en menos de 15 minutos ya hemos completado el recorrido.
Nos encontramos ya inmersos en la típica geografía que caracteriza a esta zona de fiordos en la que nos encontramos y no tenemos muy claro si nos quedan más ferrys que tomar o simplemente pasaremos algún puente más o menos largo, ya que nuestros mapas no están muy actualizados; de hecho ya hemos encontrado más de una carretera que no existía en el mapa.

Pero nada nos hacía pensar que íbamos a experimentar nuevas y curiosas sensaciones. Siguiendo las instrucciones de nuestro GPS y habiendo dejado atrás la población de Volda, entramos en un extraño túnel que nos engulló entre dos líneas azules sitúadas a ambos lados, en sus paredes. En esos momentos me encontraba yo al volante y una extraña sensación de vértigo me invadía al sentir que el coche se aceleraba sin necesidad de que yo pisara ningún pedal. La sensación aparente era de que nos encontrábamos en un llano pero las velocidades que iba adquiriendo el coche, evidenciaba que estábamos bajando……y la pendiente no parecía ser moco de pavo!!

Durante varios kilómetros estuve más pendiente del freno que del acelerador sin tener muy claro qué pasaba hasta que alguien sugirió mirar el altímetro del reloj. Todo empezó a cuadrar cuando vimos la altitud: -267m. Estábamos cruzando bajo el fiordo!!! 
Tengo que reconocer que cierta dosis de claustrofobia se adueñó de nosotros en el momento que fuimos conscientes de ello. 
Al salir, las dos luces azules sitúadas a ambos lados del túnel nos despidieron poco antes de salir al exterior;  llegamos a la conclusión de que estas luces delimitaban el nivel del mar. 
Aquel túnel era de peaje pero no veíamos ningún sitio habilitado para pagar. Al parecer, una cámara grababa la matrícula del coche y te pasaban la factura a tu cuenta aunque también existía la posibilidad de pagar en efectivo en el plazo de 4 días, en algunas poblaciones cercanas. Pagaríamos a la vuelta. 

Aún no sabíamos que acabábamos de atravesar el túnel de Eiksund, el más profundo del mundo, de 7.765 m de longitud, construído bajo el fiordo de Vartdals en el condado de Møre y Romsdal y cuya máxima profundidad alcanzaba los -287m.
A pesar de que las normas europeas limitan la pendiente máxima de un túnel al 5%,en Noruega, que no es un país miembro de la UE, las pendientes pueden alcanzar hasta el 10%. En el túnel de Eiksund llegan al 9,6% y puedo dar fe de que la sensación cuando bajas, no es nada agradable.

Ya estábamos cerca de Runde y llovía con ganas. Habíamos cambiado de paisaje completamente, ya no se veían montañas nevadas y lagos, ahora todo parecía un gigantesco laberinto donde el mar y la tierra se entrelazaban a través de  túneles, barcos y puentes.
Y precisamente un peculiar puente tan estrecho que en muchos tramos no permitía la circulación de dos vehículos, fue el último obstáculo que tuvimos que superar antes de llegar al cámping de Runde donde habíamos reservado una cabaña para los cuatro.
El lugar es espectacular, creo que se nos hará corta nuestra estancia en este pequeño paraíso que ya comenzaba a mostrarnos porqué era llamado, la isla de los pájaros.


Capítulo anterior:  Ruta del Bessegeen
Capítulo siguiente: La isla de Runde. NORUEGA.  


3 comentarios :

Antonio Ruiz dijo...

Gracias por contarnos un poco más la aventura noruega. Menuda experiencia condiciendo bajo los fiordos noruegos. Esperamos los relatos siguientes.

Gracias y un abrazo.

aitor dijo...

Hola Antonio!!!
Me alegra verte de nuevo por aquí.
Qué tal te fue tu experiencia pirenaica?
Espero ver pronto tus fotos y relatos....
Un abrazo!

Antonio Ruiz dijo...

Hola Aitor.

La experiencia en Pirineos fue fantástica. Rutas de entre 4-7 horas con el pequeñín. Se portó fenomenal, todo un campeón. Estuvimos en los valles de Añisclo, Chistau, Pineta y Ordesa. Un paisaje precioso, eso sí, un pelín seco. Lo mejor de todo, además de los ratillos familiares y las excelentes comidas, los tres quebrantas que vimos volar muy de cerca. Se me escapó el pito negro.

A ver si encuentro enormes huecos y empiezo a escribir el relato pirenaico.

Abrazos.