26 octubre 2011

Cetáceos en el Cantábrico. BERMEO.

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Cuando oímos hablar de avistamientos de delfines, calderones o incluso cachalotes, automáticamente nuestras mentes vuelan hacia lejanas aguas en algún recóndito mar del planeta. 
Quizás sea ésta la razón por la cual las caras de mis interlocutores se tornan en un gesto mitad de asombro mitad de incredulidad, cuando les aseguro que los he visto a escasas millas de nuestra propia costa.

Y es que a excepción de los aficionados y entendidos que reúne este mundillo, además claro está, de los pescadores y la gente que ha mamado el mar desde siempre, son mayoría los que desconocen las riquezas naturales que se esconden bajo las aguas de un mar al alcance de casi todos.
No resulta sencillo hacer creer a un neófito en el tema, que algunas de estas especies acuden casi hasta nuestras playas a reproducirse.
 
Después de un verano bastante malo en lo que al tiempo y al mar se refiere, el día 28 de Julio se pudo realizar la primera salida en varios meses , en busca de cetáceos desde el puerto de Bermeo.
Ese día, la sociedad AMBAR, constituída para el estudio, investigación y difusión de la riqueza marina y en especial de los cetáceos y pinnípedos de las costas del País Vasco, organizó una salida a bordo del Hegaluze Barria, una embarcación recién estrenada con el objetivo de ofrecer la posibilidad de conocer las maravillas que encierra este pequeño rincón de la costa vasca a través de nuestro querido mar Cantábrico.

No estuvo nada mal la jornada ya que tuvimos oportunidad de observar varios grupos de delfines comunes y mulares, así como un numeroso y confíado grupo de calderones comunes también conocidos como ballenas piloto.
Dado el buen estado del mar, también se tuvo ocasión de lanzar al agua un hidrófono para grabar los sonidos emitidos por el grupo de calderones entre los que se encontraban varias crías recién nacidas, algo que también pudimos observar entre los grupos de delfines.
 
Mientras especies como la marsopa común, el delfín común, el listado y el mular, el calderón común y el gris, el zifio de Cuvier, el cachalote y el rorcual común se dejan ver con frecuencia por nuestras costas, otras como la orca, él calderón tropical, el zifio de Sowerby y el delfín de flancos blancos del Atlántico resultan más difíciles de observar.

El delfín común es el más numeroso entre los de su especie y aunque es propio de aguas tropicales o templadas, también se les puede ver en aguas poco profundas de la plataforma continental. Con sus cerca de 2 metros de envergadura, forman grandes manadas que pueden llegar hasta varios miles de individuos. Pueden llegar a vivir 30 años y alcanzan su madurez sexual entre los 7 y los 9.
Su periodo de gestación se prolonga hasta los 11 meses y dan a luz una cría que dependerá de su madre durante casi año y medio.
Es muy característico su comportamiento juguetón y confíado con el ser humano y resulta habitual verle saltar y hacer todo tipo de piruetas alrededor de las embarcaciones.


Las características del delfín mular no difieren demasiado de las de su pariente, el común. La mayoría de los delfines que se encuentran en cautividad pertenecen a esta especie por lo que se trata de la más conocida y estudiada. Su ámbito de distribución se encuentra extendido prácticamente a lo largo de todo el mundo.
También se reúnen en grupos aunque no tan numerosos como en el caso del común y su peso y tamaño varían dependiendo de la temperatura del agua donde habitan, llegando a los 4 metros y 650 kg de peso en el caso de los que viven en aguas frías mientras que los de aguas más templadas sólo alcanzan los 2 metros y los 50 kg de peso. 
Pueden llegar a vivir hasta 40 años alcanzando su madurez sexual a los 11-12 y su periodo de gestación se prolonga durante 11-12 meses, reproduciéndose cada 2-3 años.

A pesar de ser conocidos por su sociabilidad y carácter amistoso, no dejan de ser animales depredadores e incluso llegan a enfrentarse a los temibles tiburones. 
Llegan a alcanzar velocidades de hasta 35 km/h y deben salir a la superficie cada 5-8 minutos para respirar.

Un grupo de calderones comunes fueron la última especie que pudimos avistar durante nuestro recorrido. De color negruzco, con una aleta dorsal en forma de hoz y un órgano sitúado en su región frontal muy desarrollado que le da a su cabeza ese aspecto redondeado tan característico, puede llegar a alcanzar los 8 metros y los 3500 kg de peso. Las hembras apenas llegarán a los 6 metros y los 2000 kg. 
Entre el grupo que observamos también se encontraban varias crías de color mucho más claro, de alrededor de 2 metros y 75 kg de peso.
Pueden permanecer más de 10 minutos sumergidos durante sus inmersiones en busca de alimentos, llegando a alcanzar hasta los 600 metros de profundidad aunque lo habitual es que se muevan entre los 30-60 metros. 
Su alimentación diaria requerirá de más de 30 kg de moluscos y peces.
 
Mientras que los machos alcanzan su madurez sexual a los 12 años, las hembras lo hacen a los 6-7 años prolongándose su periodo de gestación durante 12-15 meses tras los cuales, sus crías quedarán a su cuidado durante los dos años siguientes. Se reproducen cada 3-5 años.


Con las imágenes tomadas por mí ese día y otras que amablamente me enviaron por correo desde la asociación AMBAR, así como las grabaciones de sonido que lograron ese mismo día de los calderones y otros posteriores de los delfines, he confeccionado un modesto montaje haciendo coincidir los sonidos de estos cetáceos con las imágenes correspondientes a su especie.



Valga como un pequeño homenaje hacia estos vecinos tan cercanos como desconocidos para la inmensa mayoría de la población, así como una invitación a todo el mundo para aprovechar las posibilidades que se nos ofrecen para pasar unas horas inolvidables en su compañía.

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