04 enero 2010

El río Mara, testigo silencioso de la gran migración. KENYA


Me encontraba allí; tenía frente a mí al testigo mudo de uno de los espectáculos más sobrecogedores y crudos con los que nos obsequia la Naturaleza.
Una extraña sensación de incredulidad recorría mi cuerpo mientras permanecía absorto contemplando ese pequeño rincón del mundo que tantas veces había tenido el poder de cautivarme a través de los documentales, de esos documentales que a muy poca gente deja indiferente pero que a mí especialmente, siempre me fascinaron. 

Estábamos en la temporada seca y los ñus y las cebras, principales protagonistas de lo que este lugar representa, se encontraban pastando en lejanas praderas del Serengeti por lo que las imágenes grabadas en mi memoria distaban bastante de la actual realidad del momento pero no por ello sentí decepción alguna.
Tan sólo el escenario se mantenía fiel a lo que mis ojos habían disfrutado en múltiples ocasiones a pesar de que los actores brillaban por su ausencia en los alrededores. 

Aún así, montones de cráneos y esqueletos se apilaban en la orilla mostrando los vestigios de pasadas batallas que revelaban la dura pugna entre la vida y la muerte.
En estas fechas, los hipopótamos se erigían en amos del lugar aprovechando los charcos más profundos y la placidez de las aguas para amontonarse en grupos compuestos por numerosos individuos a la vez que intemitentemente, nos ofrecían su particular y ruidosa música de fondo.
Un guarda armado con un rifle que se esforzaba por mostrarnos los mejores sitios para observar y fotografíar a los actuales habitantes del río, nos acompañó durante el pequeño trayecto que recorría el cauce del Mara.

 














Algún cocodrilo semisumergido, se dejaba entrever seguramente en espera de tiempos mejores. 

   
Las erosionadas márgenes del río mostraban el efecto devastador del paso de millones de herbívoros en su lucha por la supervivencia en busca de los verdes pastos que ofrecen los terrenos de uno y otro lado del cauce dependiendo de la época del año. 

 

 












Una gran acacia cercana a la orilla, nos proporcionó el necesario cobijo ante el demoledor sol que se cernía sobre nosotros mientras dábamos cuenta de un pequeño lunch a base de sandwichs y zumos que gustosamente compartimos con los pajarillos que rápidamente acudieron al festín seguramente acostumbrados a este tipo de situaciones.
No muy lejos, lagartos de llamativos colores reposaban plácidamente soportando de forma estoica los implacables rayos solares que a nosotros nos resultaban abrasadores.

 







 
















Durante los últimos instantes y con la mirada perdida siguiendo el curso del río, me hice una promesa que espero hacer realidad en un plazo no muy lejano: tengo que volver a este lugar para tratar de saborear el espectáculo en su punto más álgido, quiero ver la GRAN MIGRACION.
Fueron mis últimos pensamientos antes de montar en el vehículo que me alejaba de aquel maravilloso lugar cientos de veces soñado y cuyas imágenes permanecían esculpidas entre mis recuerdos desde hace muchos años de manera imborrable; era cierto, estaba allí….era el mítico río Mara……VOLVERE!!

MI REGRESO A MARA EN 2011.








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