04 febrero 2009

EL DELTA DEL ORINOCO.LOS WARAO


El río Orinoco tiene una longitud de 2140 Km y es el segundo más caudaloso del planeta.
La mayor parte de los ríos de Venezuela son tributarios del Orinoco, destacando entre todos el río Caroní.
En su desembocadura, forma un inmenso delta que se divide en multitud de ramificaciones que se denominan caños que discurren a través de más de 40.000 km² de bosque lluvioso.

El delta constituye un lugar de gran riqueza natural debido a la gran variedad de fauna y flora que alberga.
La temperatura media de la zona ronda los 26,7ºC y se mueve entre mínimas de 23 y máximas de 32,3 mientras que las lluvias oscilan entre los 900 y los 2500mm.
Se encuentra al este de Venezuela y su gran extensión hizo que los primeros exploradores llegados a la zona, pensaran que se trataba de un mar.



Los warao son los indígenas venezolanos que pueblan el delta construyendo sus casas sobre pilotes de madera en las orillas del río y su población está estimada en unos 36000 individuos.
Su lengua también se denomina warao.
También conocidos como “habitantes del agua” de waha (zona inundable) y arao (gente,habitante) u “hombres de las canoas” de wa (canoa) y arao , se dedican principalmente a la explotación de la palma de moriche (Mauritia flexuosa) de la que extraían el alimento básico de su dieta: la fécula de la palma llamada yuruma.
 
También aprovechaban el fenómeno llamado Macareo producido por la entrada de agua marina en el delta durante la pleamar que traía consigo un gran número de peces de distintas especies como el morocoto o la guabina que eran bien recibidos por los Warao.
Complementaban su dieta con la recolección de miel y la cacería de roedores como la lapa, el chigüire y el acure, entre otros.

T
ras la espectacular visita a Canaima, regresamos a Ciudad Bolivar donde aprovechamos el tiempo para descargar nuestras ya saturadas tarjetas fotográficas y comprar varios adaptadores eléctricos.
Tomamos unas cervezas a orillas del Orinoco mientras vemos caer lentamente el sol sin prisas compartiendo el tiempo con unas compañeras de viaje que conocimos en Canaima y que nos acompañarán al delta.

Desgraciadamente, éstas tendrán una desagradable experiencia al sacar dinero de un cajero y ser “dobladas” sus tarjetas, algo de lo que se enterarían varios días después cuando su banco les comunica que les han sacado todo su dinero.
A las 5,30 , dos taxis nos llevan a los seis hasta Tucupita donde comenzará nuestra estancia de tres días por el delta. Hemos pagado unos 180€ con un cambio de 4,5.
Los taxis nos dejan en un embarcadero donde nos esperan para recogernos pero tenemos que esperar hasta que hagan las compras necesarias para el viaje por lo que nos llevan a desayunar a una cercana panadería mientras compran los víveres.

Al poco tiempo de embarcar, tenemos que esperar nuestro turno en una gasolinera del río para llenar los depósitos que llevamos a bordo. El sol aprieta duro y no tenemos dónde guarecernos.
Al fin partimos definitivamente, a la vez que el cielo se nubla caprichosamente.
Pronto avistamos unos monos aulladores y paramos para intentar hacer alguna fotografía pero el cielo se convierte en una inquietante mancha oscura que amenaza con devorarnos. 


 













Puedo asegurar que nunca en mi vida había sufrido algo semejante a lo que nos esperaba minutos después.
Repentinamente se hizo de noche y una densa cortina de agua nos azotó sin descanso durante las dos horas que duró el viaje.

Bajo un espectáculo de truenos y rayos cayendo muy cerca de nosotros en medio de la oscuridad total, vamos avanzando lentamente a través de un río cuyo caudal crece por momentos.
Nos encontramos en medio de un río, sobre un bote de metal y bajo una brutal tormenta iluminada por los rayos; en una palabra, estamos en el sitio ideal para quedarnos chamuscados en cualquier momento.


Afortunadamente todo se salda con una caladura impresionante a pesar de las capas que llevamos.
Pronto comprobamos también, que nuestro guía está mucho más interesado en “darle al frasco” y echarse a dormir que en cumplir mínimamente con la labor por la que le habíamos pagado pero en fin.....son cosas que a veces pasan.



Habíamos decidido visitar el delta en busca de fauna y de las poblaciones indígenas de la zona y si bien el primer objetivo tuvo un resultado decepcionante debido al escaso empeño de nuestro “guía”, los poblados que tuvimos oportunidad de visitar nos sorprendieron muy gratamente.

Resultó fascinante descubrir tan cerca del "mundo civilizado" un pueblo con una forma de vida tan tradicional como auténtica. Sinceramente, no esperaba encontrarme con algo así tan sólo a unos kilómetros de la cercana Tucupita.
Un espléndido paseo por los canales durante la primera tarde, aderezado con un espectacular ocaso puso fin al primer día por el delta.



 











 

Pudimos observar muchas aves entre las que se encontraban garzas, loros, tucanes y la chenchena (Opisthocomus hoazin).



Un auténtico escuadrón de mosquitos nos esperaba a la llegada a nuestro alojamiento.Según nos dijeron, había “plaga” esos días.
Al amanecer, la jungla estalla en sonidos y los pájaros gritan enloquecidos.
Después del desayuno visitamos varios poblados donde compramos algunas baratijas fabricadas por ellos mismos y comparten con nosotros unos grandes cangrejos que han pescado esa mañana.

 













Un espectacular ibis escarlata nos recibe en otro poblado donde montamos en unas pequeñas canoas para hacer un recorrido por unos angostos canales entre las risas de los niños que se divierten con unas extrañas tapas de plástico navegando por el río.

 









El día termina con la visita a una zona del río donde se acumulan los limos arrastrados por el agua formando una pequeña y fangosa playa en mitad del cauce. 



Hoy hemos cambiado de alojamiento y tenemos una animada charla con la mujer que regenta “la posada” ; mientras tanto, nuestro “guía” duerme.
La política es el tema sobre el que gira todo en Venezuela y nos dá su versión de lo que sucede en el país y más concretamente, en el delta .
Agradecemos su dedicación y nos vamos a dormir.
 

El ultimo día transcurre entre intentos por pescar pirañas y un pequeño paseo por la jungla del que tuvimos que desistir al poco tiempo porque nuestro guía José, esta vez acompañado por su hermano, se encontraba perdido a los cinco minutos y no tenía la menor idea de dónde estaba la canoa.
Podríamos decir que estos días habían sido una auténtica pérdida de tiempo de no ser por la belleza del paisaje y por unos poblados warao que nos sorprendieron por su autenticidad.


Ya de vuelta, en el transcurso del viaje, nuestro querido José aprovechó para beberse unas botellas de whisky acompañado de varios hermanos, imagino que preparando la fiesta que les esperaba en la gran ciudad de Tucupita.
Nos habían advertido de la inconveniencia de llevar alcohol cuando visitáramos tribus indígenas, dado el gran índice de alcoholismo que amenaza a estas poblaciones y desde luego, tuvimos oportunidad de comprobarlo de primera mano.
A nuestra llegada, nos dirigimos a la estación de autobuses sin tener muy claro aún nuestro próximo destino aunque queremos ir hacia Los Llanos.

2-  Caracas
3-  Canaima. El salto del ángel.
8-  Merida
9-  La mucuy
10-Los nevados. Pico Espejo.
12-Choroni y Puerto Colombia
13-Chuao
14-Henri pittier,la espesura de la jungla.

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