16 noviembre 2017

De Ambositra a Ranomafana.



Hoy he dormido más de ocho horas seguidas. 
Después del largo vuelo desde casa y la primera noche en Madagascar durante la que no dormí demasiado, necesitaba descansar en condiciones.

A las 6, 30 ya estaba despierto y tras una rápida ducha, preparé mi mochila para sacarla a recepción donde nuestro conductor
la recogerá para ir subiéndolas a la baca, como quedamos ayer por la noche.

Cuando los más madrugadores acabamos de desayunar, nos fuimos a ayudar a Gael a subir todo nuestro equipaje a lo alto del vehículo mientras el resto del grupo arreglaba cuentas y pagaba todo lo que debíamos. 




Gastos totales en el Grand Hotel

  • el alojamiento de los siete
  • las cervezas y la cena del día anterior 
  • los desayunos de hoy.
La cuenta ascendía a 431.000 MGA ( poco más de 120€ ) ; es decir unos 17€ por persona.


Nuestro hotel está cerca del centro de la ciudad y nos permite observar la frenética actividad que tiene lugar en la zona a pesar de las tempranas horas. 
Los pousse pousse se afanan en llevar a la gente y todo tipo de mercancías de un lugar a otro. 
Estos típicos medios de transporte consisten en unos pequeños carros tirados por personas y son el medio de transporte más habitual de la zona.


pousse pousse


Los puestos de venta se suceden a lo largo de sus calles entre las curiosas miradas del gran número de personas que inundan los alrededores.
Frutas, verduras, carnes, vestidos y cualquier cosa susceptible de ser vendida, tiene su lugar en este caótico y gigantesco mercado.






Nos encontramos en Ambositra, una ciudad ubicada en las denominadas tierras altas, hogar de la tribu de los Zafimaniry, considerada a su vez un subgrupo de la tribu Betsileo.

Los zafimaniry son artesanos de la madera desde tiempos inmemorables y tanto sus conocimientos acerca de la madera como sus
innovadoras técnicas a la hora de trabajarla,  les han conferido una fama que trasciende más allá de sus fronteras. Incluso muchos turistas se desplazan hasta sus poblados, recorriendo intransitables pistas de barro, con el objeto de admirar en directo sus particulares construcciones.
A día de hoy, la madera está dejando paso al barro y los ladrillos debido en gran medida, a la grave deforestación que sufre el país.



Hoy es sábado y la actividad en las calles parece multiplicarse. Nuestro conductor nos comenta que podemos visitar un taller artesanal donde se trabaja la madera pero se nos ha hecho un poco tarde y preferimos salir cuanto antes rumbo a Ranomafana para hacer una primera visita al parque hoy mismo. 
Nos conformamos, antes de abandonar la ciudad, con el recorrido que realizamos a bordo de nuestro coche a través de las calles más concurridas donde se concentra la mayor actividad y bullicio.







Apenas hemos salido de Ambositra, le comentamos a Gael que nos gustaría comprar algo de fruta por el camino pero que a poder ser, nos gustaría hacerlo en los sitios más alejados de las grandes urbes con la intención de favorecer a los más necesitados.
No tardamos en hacer nuestra primera parada en un punto en medio de la nada para comprar a unas mujeres, al borde de la carretera, una extraña fruta que nunca habíamos visto hasta ahora. 


pok pok
Gael nos dice que se trata de una fruta llamada pok pok ( Physalis peruviana ).
Las mujeres las almacenan en unos gorros y nos las ofrecen por 1000 MGA o lo que es lo mismo, menos de 0,30€. No tenemos bolsas para guardarlas así que decidimos comprarles también los gorros donde las guardan. Pagaremos otros 1000 MGA por cada gorro.
Realmente se trata de una fruta muy rara que resulta bastante dulce, sobre todo las que están maduras.


Una vez hemos abandonado la ciudad, los pousse pousse van dejando paso a los carros tirados por cebús y a unas curiosas plataformas de madera que se desplazan gracias a unos rodamientos que hacen las veces de ruedas y sirven para transportar todo tipo de mercancías pesadas ya que " las más livianas " las llevan las mujeres sobre sus cabezas. 





Es curioso observar cómo en algunas zonas, estos rudimentarios carros cuentan con frenos e incluso ... con volante!!!
Cuando la carretera desciende, se montan sobre ellos pero cuando toca subir, resulta desolador ver el enorme esfuerzo que tienen que realizar entre varias personas para transportar cargas de
considerable peso .
También nos sorprenden unos grandes depósitos que nos encontramos al borde de la carretera, dedicados a la elaboración de un producto que jamás hubiéramos imaginado encontrar por estos lares: PERFUMES.
Las mujeres venden su producto envasado en unos pequeños frascos de vidrio.




Más adelante haremos otra parada en una pequeña aldea para comprar una fruta llamada pocanel, muy similar a la que la que aquí conocemos como chirimoya.
Niños y mujeres se apresuran a acercarse a nosotros. Unos movidos por la simple curiosidad y otros buscando cualquier cosa que les pudiéramos regalar. 
Por un lado nos duele la pobreza y la miseria con la que conviven y por otro, nos sorprende la alegría que reflejan sus rostros.
Si bien es verdad que en algunas caras se adivinan sus duras condiciones de vida, la sonrisa que nos regalan la gran mayoría de niños es algo que nos resulta difícilmente comprensible. 


pocanel











 




















Proseguimos nuestro viaje mientras preciosos campos de arroz se suceden ante nuestros ojos mientras los habituales hornos de barro trabajan a pleno rendimiento produciendo miles de ladrillos. 
La deforestación ha provocado que tengan que buscar otros materiales para construir sus casas ya que la madera brilla por su ausencia y la poca que queda es usada para quemar y producir carbón, otro de los artículos que abundan a lo largo de la carretera, almacenados en bolsas de plástico listos para su venta.





Bolsas de carbón a pie de carretera


Aún haremos una última parada para admirar las espléndidas vistas que ofrece la carretera. 
Aprovechando que es un punto donde paran bastantes turistas, algunos locales han montado unos chiringuitos donde venden cacahuetes y algunas frutas.
Una vez más, los niños se acercan a nosotros con sus enormes y fascinantes sonrisas.








Ya no haremos más paradas hasta llegar a las puertas del Parque Nacional de Ranomafana.



Nuestra ruta desde Ambositra hasta el Parque de Ranomafana.





PARQUE NACIONAL DE RANOMAFANA

Son alrededor de la 1 cuando por fin llegamos. 
Los guías se arremolinan en las puertas de la oficina y cuando entramos para informarnos sobre los precios y opciones para visitar el parque, nos dicen que la entrada al parque cuesta 55.000 MGA (15€) y que debemos entrar con un guía que nos acompañará en todo momento ; el precio del guía para un recorrido de tres horas cuesta 75.000 MGA ( unos 22€ ). 
Pero cada guía sólo lleva grupos de hasta 4 personas y como somos 7, deberemos contratar y pagar dos guías.

Nos cuesta entender cómo es posible que en un país en el que la inmensa mayoría de la población vive con poco más de un euro diario, una sóla persona vaya a embolsarse 22€ por tres horas de trabajo. 
Somos plenamente conscientes de que ese dinero puede ayudar mucho en la conservación de sus bosques y en la lucha contra la deforestación pero siempre que ese dinero revierta en la comunidad, no en un único individuo. 
Me temo que una vez más, la gestión y reparto de fondos no ayuda demasiado a los que más lo necesitan que realmente son los que pueden conseguir revertir la triste situación en la que se encuentra el medio ambiente en Madagascar.
A pesar de que nos interesamos en saber cómo se repartía el dinero que dejábamos en los parques, el secretismo era la tónica habitual de nuestros guías. Mal asunto.

 
El caso es que tras dejar unos 150€ entre entradas y guías, nos dispusimos a comenzar nuestro circuito. 
Pero apenas habíamos andado 100 metros cuando llegamos a una pequeña cabaña de madera donde nos dicen que tenemos que pagar otra vez. Nuestra cara de asombro era un poema. 
La cantidad era ridícula ya que eran 2.000 MGA, poco más de 0,50€ por persona pero por qué no nos lo han cobrado en la oficina?

Pues resulta que este pago era para la comunidad, algo que aún nos cabreó más. 
Eramos 7 personas y habíamos dejado 150€ para que se los repartieran entre el estado y los guías y ahora íbamos a ayudar a la comunidad que vive alrededor del parque con poco más de 3€ !!!!
Ya con la mosca detrás de la oreja, le preguntamos a nuestro guía dónde estaba el otro guía ya que habíamos pagado por dos. Nos respondió que se había adelantado para buscar los animales. 
Nos hubiéramos cabreado mucho más si hubiésemos sabido algo de lo que nos enteraríamos al día siguiente......pero esa es otra historia que explicaré en el próximo artículo.

No tardamos mucho en comenzar a ver los primeros lemures ya que bastante cerca de la entrada, hicieron aparición los ansiados animalitos.


Veremos tres especies durante el recorrido de hoy: 

  • el lemur dorado del bambú ( Hapalemur aureus ), 
  • el lemur gris del bambú ( Hapalemur griseus ranomafanensis ), 
  • y el lemur marrón de frente roja ( Eulemur rufifrons ).








Nos sorprende bastante que no se respeten los caminos ni prácticamente existan normas para visitar el parque ; todo vale si el turista consigue ver los lemures y si es posible,  sacarles una buena foto.
El bosque es muy tupido y no favorece la buena visión de los animales pero los guías te llevarán hasta ellos con el único objetivo de que te sientas satisfecho. 
Los lemures que tuvimos oportunidad de ver, se mostraban tranquilos y parecían estar bastante acostumbrados a la presencia humana.

En todos los circuitos se hace una pequeña parada para descansar y comer algo en una zona preparada para ello. 

Nosotros aprovechamos para hacernos unos bocadillos con el pan que hemos comprado, ya que a lo largo del día sólo hemos comido un poco de fruta .
Tras el pequeño descanso tuvimos oportunidad de ver una preciosa mangosta de cola anillada  (Galidia elegans) que no dejó de moverse de un lugar a otro hasta que finalmente desapareció en la espesura del bosque.




A las 4, volvimos a cruzar el puente que da acceso al parque para volver a nuestro coche y buscar un hotel donde pasar las dos próximas noches.




Esta fue nuestra primera ruta por el Parque de Ranomafana:




NUESTRO HOTEL EN RANOMAFANA

Una vez salimos del parque, tomamos rumbo a Ranomafana y paramos en el primer hotel que encontramos, el Setam
Nos piden 150.000 por cada habitación doble ( unos 43€ ) pero nuestro conductor , que nos ha acompañado, nos hace un gesto de desaprobación. 
Decidimos ir en busca de otro hotel más barato y Gael nos propone ir a ver el Karibotel
Aquí, la habitación doble nos salía por 115.000 MGA ( unos 32€ ) y además incluía el desayuno así que tras ver los coquetos bungalows y la piscina, decidimos por unanimidad quedarnos aquí.





 












Desmontamos el equipaje y el personal del hotel nos lo sube a las habitaciones salvando el importante tramo de escaleras que separa el parking de los bungalows.
Tras acomodarnos en nuestros aposentos, vamos al bar a tomar unas cervezas y a pedir la cena.
Resulta curioso observar que en cuanto te sientas a tomar algo, te enseñan las cartas por si vas a quedarte a comer. Da igual que aún queden varias horas para hacerlo.



Mientras comentamos los planes para los próximos días y disfrutamos de unas cervezas frías, encargamos unos platos a base de pollo y de cebú para que los tengan preparados sobre las 19,30. 
Ya es de noche y no hay demasiadas cosas que hacer por los alrededores a no ser que te decidas a hacer un tour nocturno. 
Tras la cena, que acompañamos con vino blanco sudafricano, unos postres y unos tes, nos retiramos a nuestras habitaciones. 
Pagamos 233.000 MGA ( unos 66€ ) por la cena y todas las cervezas y refrescos que nos hemos tomado en la agradable terraza junto a la piscina.


La ruta desde la entrada al Parque hasta nuestro hotel. Karibotel.

05 noviembre 2017

Llegada a Antananarivo y traslado a Ambositra.


Se está convirtiendo en un "clásico" lo de pillar el primer vuelo que sale del aeropuerto para dar comienzo a nuestros viajes.
Eso de despegar antes de las 7 de la mañana supone tener que levantarse sobre las 4,30 y aunque se diga que sarna con gusto no pica, ciertamente no es algo demasiado sugerente.


Al menos en esta ocasión nuestro vuelo sale a la hora y llegamos a París con tiempo de sobra para no perder el vuelo que nos llevará definitivamente hasta Madagascar.
Diez horas después de despegar de París, aterrizamos en la capital malgache, Antananarivo.

 
Resulta desesperante la cola que debemos esperar para hacer el visado ( 25€ ). 
El personal de seguridad e incluso algún policía, tramitan sin ningún rubor, el papeleo a muchos viajeros que se cuelan por el pasillo que hay al fondo a la izquierda. Solo hay una ventanilla así que cada vez que se acercan estos tipos con varios pasaportes, la cola se paraliza. 
Bien empezamos..

Lo primero que hacemos para evitar confusiones y malentendidos, es poner nuestros relojes en hora ya que en Madagascar es una hora más.
Son alrededor de las 11 de la noche y confíamos en que nos estén esperando para llevarnos al hotel Maison Lovasoa que hemos reservado por internet pero antes queremos cambiar algo de dinero.


Dónde cambiar dinero.
 

Generalmente no suelo cambiar dinero en los aeropuertos porque su cambio no suele resultar muy favorable pero parece ser que en Madagascar las cosas son diferentes.
Según se sale, una vez recogido el equipaje, hay que ir hacia la izquierda hasta el final del pasillo. 


Hay un par de oficinas de cambio donde nos ofrecieron 3520 MGA por euro.
El billete más grande es de 20.000 MGA pero en ocasiones no disponen de estos billetes y realizan el cambio con billetes de 10.000 o incluso menos ; una auténtica locura los fajos de billetes con los que te juntas en un momento. 

A lo largo de nuestro viaje hemos podido comprobar que éste fue el mejor cambio que conseguimos en el país.
También debo advertir que pagan mejor los billetes de 50€ que los pequeños. 
Un montón de chavales vendrán a cambiarte monedas de euros con la excusa de que no se las cambian en los bancos pero es aconsejable andarse con mucho ojo porque tratarán de engañarte.


Traslado al hotel.


Una vez resuelto el tema del dinero para unos cuantos días, cargamos el equipaje en los tres coches que nuestro hotel nos había envíado a buscar, tal como habíamos acordado. 
Al ser siete personas y los coches bastante pequeños, quedamos en que nos vendrían a buscar tres vehículos por 30.000 MGA cada uno, unos 8,5€ por coche.
A pesar de que no eran las 11 de la noche cuando aterrizamos en Tana, entre los trámites del visado, el cambio de dinero y el desplazamiento hasta la ciudad, son más de la una cuando llegamos a nuestro hotel. 

Llevamos casi 24 horas despiertos por lo que nos vamos a dormir apenas hemos hecho el papeleo de rigor. 

Hemos quedado con el que será nuestro conductor durante los próximos 11 días, mañana a las 8 pero a las 6 ya estaba despierto.
El hotel Maison Lovasoa no está mal. Es básico pero tiene unos bonitos jardines y unas habitaciones limpias y aceptables.

 
La estancia con desayuno incluido nos sale por poco más de 13€ por persona.
El total de la cuenta ascendía a 336.000 MGA y al preguntarle si le puedo pagar en euros me dice que sí y me ofrece un cambio de 2700 por €. Lógicamente, ante el pésimo cambio que me ofrece, le digo que le pagaré en Ariarys ( MGA ).

 

 






Mientras estábamos desayunando en una mesa que nos habían preparado en los jardines del hotel, hizo aparición nuestro conductor. 
Tras las presentaciones de rigor nos dice que saquemos nuestro equipaje en cuanto podamos para irlo colocando en la baca del coche.

 

Nuestro coche.


Hemos reservado un 4X4 para los siete, lo que nos obliga a llevar el equipaje en la baca.
Pagaremos 55€ al día por nuestro coche con conductor a lo que deberemos añadir los gastos de gasolina. 
Adelantamos un 10% al reservarlo por internet y ahora, al comenzar el circuito, pagaremos la mitad de lo pendiente  y la otra mitad al finalizarlo.
No tenemos nada más reservado y lo único que en principio tenemos claro es que queremos llegar hasta el sur, hasta alguna zona de playa.


No volveremos en coche a la capital ya que,
para ganar tiempo a la vuelta, tenemos un vuelo reservado desde Toliara a Tana  por lo que debemos tener en cuenta que también tendremos que pagar los gastos de vuelta del coche o lo que es lo mismo, dos días de alquiler del coche y la gasolina consumida.
Al ser 7 personas, los gastos diarios del coche nos suponen menos de 10€ por persona, gasolina incluída.

Mientras cargamos el equipaje en el coche en una especie de callejón, unos niños se acercan a nosotros picados por la curiosidad del momento. Nos hacemos unas fotos con ellos y se sorprenden muchísimo cuando les enseñamos las imágenes. 

Será algo habitual a lo largo del viaje.






 


































Nuestra ruta.





Nuestra ruta hacia el sur acaba de comenzar aunque hacemos una parada en un centro comercial para intentar comprar dos tarjetas telefónicas del país que nos permitan estar conectados entre nosotros y hacer llamadas locales si fuera necesario. Finalmente desistimos de comprarlas allí ya que hay mucha gente esperando ; lo intentaremos en Antsirabe donde pararemos a comer.

La ruta discurre rumbo al sur por una carretera asfaltada pero con un tráfico caótico que ralentiza nuestra marcha. 
Los campos de arroz se suceden a ambos lados de la carretera. Resulta curioso también ver a la gente concentrada en los ríos lavando la ropa y extendiéndola al sol para su secado, convirtiendo el lugar en un curioso puzle multicolor.





Me llaman mucho la atención, a su vez, los numerosos hornos ubicados al borde de la carretera dedicados a la producción de ladrillos. Durante todo nuestro recorrido, observamos estos rústicos y enormes hornos donde cocían el barro sin pausa produciendo miles de ladrillos que amontonaban en pilas perfectamente organizadas. 
Realmente no sé a quien venderían tal cantidad de ladrillos porque no vimos demasiadas construcciones de este material pero obviamente quedaba claro que debía ser un producto muy demandado.




Eran ya casi las dos cuando llegamos a Antsirabe. Preguntamos a nuestro conductor si conocía algún sitio para comer y nos dijo que nos podía llevar a un restaurante con comida local y algún plato internacional. Aceptamos.
Se trata del restaurante Zandina, un agradable local donde probamos la más que aceptable gastronomía malgache.
Unas brochetas de cebú, cebú en salsa y algún pescado, más unos postres caseros y unos cafés, supusieron una prueba evidente de que no íbamos a comer mal los días venideros. 
Las enormes y frías botellas de THB, la cerveza local, contribuyeron al festín.
Invitamos a nuestro conductor a comer con nosotros y la cuenta ascendió a 194.000 MGA ( unos 55€ ). Por 7€ habíamos comido realmente bien.






 












Al salir del restaurante, fuimos a ver si conseguíamos las tarjetas para el teléfono, tema del que se encargó Gael, nuestro conductor. Tuvimos que recorrer varios puestecillos hasta encontrar uno que tenía las dichosas "sim". 
Cada tarjeta cuesta 1000MGA ( 0,30€ ) y les metimos un saldo de 20.000MGA a cada una ( unos 6€ ). Ellos mismos nos configuraron el teléfono para que funcionara con la nueva SIM. Tema solucionado.

Era hora de seguir nuestra ruta hacia Ambositra donde íbamos a dormir esta noche. 

A lo largo de la carretera vemos las típicas escenas africanas que representan la forma de vida de la sociedad malgache.
Sus rudimentarias formas de transporte, sus construcciones, sus gentes, sus mercados y sus paisajes nos mantienen atentos a todo lo que sucede a nuestro alrededor.
 







Cuando estamos cerca de Ambositra, Gael nos habla de un hotel que está a la entrada de la ciudad pero le decimos que nos lleve primero al Grand Hotel, un sitio barato del que habíamos leído buenas críticas.
Al llegar nos comentan que la doble cuesta 50.000 MGA ( unos 14€ ) y 70.000 la triple ( unos 20€ ). Las habitaciones son básicas pero limpias y amplias así que para pasar unas horas nos parecen más que suficiente.





 












Descargamos las mochilas de la baca y hacemos el papeleo mientras vamos pidiendo la cena ya que tardan bastante en prepararla. 
Son ya las 7 y les pedimos que nos sirvan la cena sobre las 8,30.

Teníamos pensado salir a dar una vuelta por el pueblo pero la verdad es que estamos bastante cansados y la idea de sumergirnos en aquella vorágine de gente y tráfico, no nos seduce demasiado. Optamos por quedarnos en el hotel, tomarnos unas cervezas mientras preparan la cena y escuchar a un músico local que nos amenizaba la estancia con su música en directo.

Tras varios litros de cerveza y casi dos horas después de haber encargado la cena, dimos buena cuenta de unos riquísimos cebús con foie, brochetas, gambas, postres y cafés.....




Mientras tanto, un chico con una guitarra se había unido al músico y ahora alternaban temas locales con otros de autores famosos.
Aún no sé cómo sucedió pero cuando me di cuenta, varios compañer@s de viaje se encontraban bailando las melodías locales ante el alborozo de los músicos y acompañados por otra gente que tampoco acierto a adivinar de dónde salieron.
Suelen decir que una retirada a tiempo es una victoria así que enfilé rumbo a mi habitación porque aquello estaba tomando un cariz muy peligroso y yo necesitaba descansar imperiosamente.
Si me tomaba otra cerveza, seguro que no iba a ser la última....